“¿Tienes 10 minutos?” –me preguntó el amable vendedor de la tienda de cafés y tés. Casi sin pensar dije “sí”, y fui recompensada con un maravilloso té recién hecho para mí mientras me contaba la historia de por qué el café de Madrid es tan malo (en el 90% de los sitios, cosa que siempre me ha sorprendido). Pues viene de cuando la guerra y laposguerra: el café al tostarlo se mezclaba con azúcar, que era más barata, y daba el mismo color negro y sabor amargo. 70 años después seguimos empleando esta mezcla de azúcar y café, que llamamos “torrefacto” y que sabe a rayos.
(Por si a alguien le gusta el café de verdad, el chocolate y el té en todas sus variedades, esta tienda está en Martín de los Heros, 37, y tiene en la trastienda –bonita palabra, ¿verdad?– un pequeño salón donde, mientras os tomáis algo, aprovechad para hablar con su simpático dueño).