Por lo visto Darwin era un gourmet. En sus años de universidad se apuntó a un club en el que cada semana probaban alguna comida rara, y mientras estuvo de viaje en el Beagle probó de todo lo que encontró (además de estudiarlo): armadillos, pumas, tortugas… Éstas parece que le gustaron tanto que embarcó ¡48! para tener suficientes provisiones de tan exquisito manjar (según él).
La tortuga que pongo aquí arriba no es mía, es de un precioso cuento que ha escrito y dibujado Vicky Otero y (flipad) es ¡la primera vez que dibuja! Un poco deprimente para los que llevamos ya un tiempo peleando con pinceles y colores, pero “encourageant” para aquéllos que siempre han querido hacer algo y no se animan por “es que no me va a salir, es que es muy difícil, es que no me han enseñado…”. Lo único real es querer, los esquenós son mentira.