Temas que últimamente salen en muchas conversaciones con amigos, quizá porque empezamos a alcanzar la edad en la que las expectativas que teníamos no se están cumpliendo, o porque la vida nos está llevando por donde no queríamos. Inquietos, insatisfechos, pero sin localizar exactamente lo que va mal. “Esto no es lo que yo quería, pero… ¿¿qué era lo que quería??”

No es tan fácil como parece responder a esta pregunta. De hecho, no es fácil en absoluto y puede ser una tarea de años de ensayo y error, con toda la energía malgastada en pruebas que acaban siendo un desastre.
Un atajo, un truco que nos puede dar pistas puede ser intentar recordar lo que nos gustaba de chicos. Aquellos con lo que se nos pasaban las horas muertas, o con lo que soñábamos despiertos.Aquello que, cuando consigues recordarlo, cuando lo recuperas, te dices “¡Esto es!”, como si hubieras hecho un descubrimiento, o re-descubrimiendo, como si hubieras tenido una revelación.
A partir de aquí, es ponerse manos a la obra. Con toda la ayuda y trucos de los que podamos echar mano: para superar los momentos de duda, de desánimo, los errores y vueltas a empezar…

Casualmente (o no) encuentro un blog en el que la entrada de ayer habla de todo esto, y dice cosas como ésta:

“Todo lo que merece hacerse bien, merece hacerse mal la primera vez”, y cita también la frase que aparece en otro de mis blogs favoritos:

” El milagro no es que terminé. El milagro es que tuve el coraje de empezar.”


Al final del post hay un video de Randy Pausch, bastante famoso, que quizá muchos conozcáis ya; pero para los que no, para los que estáis buscando nuevas ideas y recursos para enfrentar la vida, no dejéis de verlo.

(Las señales que pongo estaban en un castillo que visité durante unas vacaciones. Ojalá la vida tuviera señales y mapas y puntos de esos de “está usted AQUÍ”, como si fuéramos turistas perplejos y desprevenidos).