Una entrada en el curioso blog “Corre con el cuento”, dedicado a la vez a las carreras pedestres y a la literatura infantil, me lleva al último libro de Pennac, Mal de escuela, y a una entrevista con el autor que termina así:

«—¿Sabe usted el único modo de hacer que se ría el buen Dios?
Vacilación al otro extremo del hilo.
—Cuéntele sus proyectos.
En otras palabras, no pierda la cabeza, nada ocurre como está previsto, es lo único que nos enseña el futuro al convertirse en pasado.»

El Brujo dice algo parecido, en una obra preciosa (y divertida, por supuesto) que se llama “San Francisco, juglar de Dios”: hacer reír a Dios es la forma libérrima de oración.

El dibujo es (muy aproximadamente) de Boni, un camerunés, en medio de una actuación en una biblioteca ante un puñado de niños que se tronchaban de risa. También a él le conocí en el mismo blog, en una entrada que encabeza así: Dios inventó al hombre para oirle contar cuentos. (Dicho popular africano). Y reírse un rato, me parece a mí.